Ir al contenido principal

El amor en épocas turbias


Las expectativas duelen, hacen daño. La falta de ellas, sanan y te dejan vivir. Os lo digo yo que desde que decidí no ponérmelas, he encontrado hasta el amor. El amor hacia mi propia persona, el amor hacia lo más simple, el amor hacia un día a día, el amor hacia quien lo merece, el amor hacia lo común, el amor hacia, incluso, lo que jode. El amor. En general. 

Estamos acostumbrados a vivir pensando que el amor está aprendido, como si hubiese nacido en nosotros de forma innata. Un amor dormido que se despierta cuando alguna situación de nuestra vida le activa la alarma. Es por ello que cada persona tiene su propio concepto del amor, su propia simbiosis, su propia relación y su propia manera de vivirlo. Cada uno pone límites y fronteras, hay quienes se las quitan. Pero, ¿sabéis algo importante? Desde pequeños nos dicen que no siempre te vas a poder dedicar a lo que más te gusta, o al menos al principio de tu trayectoria laboral, y a veces no les falta razón. Lo mismo pasa con el amor. Si tú te cruzas de piernas y brazos, niegas constantemente con la cabeza y te enfureces por el simple hecho de escuchar pronunciar las cuatro letras que conforman al amor, jamás podrás averiguar qué es amar. Amar, en cualquier término, campo, especie y esencia. 

"Vive todos los días como si fueras un enamorado", escuché una vez viajando en metro de una conversación entre dos personas que se sentaban cerca de mí. Hoy he entendido lo que exactamente querían decirse, después de haber reprochado, reído y burlado cada expresión relacionada con arcoiris y fuegos artificiales. Todos los días nos enfrentamos a un bombardeo informativo sobre crisis económicas, crisis políticas, crisis sociales, crisis de todo tipo. Existenciales también, porqué no. Y no me extraña que se nos quiten las ganas de levantarnos de la cama cada mañana para "alzar el país", como aquel que dice cuando se va a trabajar. Si el país está hundido, cómo lo voy a levantar yo que, encima, estudio periodismo. 

Luego pones un pie en la calle y te cruzas con un niño sonriente camino del colegio, cogido de la mano de su familiar, que pasa por tu lado y te sonríe, te enseña su juguete o te dice adiós tímidamente con su manita y, entonces, te dices, "no quiero dejarte este mundo de mierda a ti". Le miras con ojos de enamorado. Y entiendes lo que es, aproximadamente, amar. Porque los niños son amor y solo puedes amarlos. Este hecho no significa que expulsemos de nuestro ser al sentido común. Tampoco el hecho de tener pareja te debe inhibir de tus rutinas personales, productivas o profesionales. Solemne gilipollez la dependencia emocional y la errónea idea generalizada del 24/7. 

El amor tampoco significa necesariamente pareja. El compromiso, la pasión, la intimidad y, como diría Mr. Wonderful, la felicidad, también se encuentran en uno mismo. El compromiso por ti, por tu bienestar; la pasión por tus pasiones, valga la redundancia; la intimidad de tu propia persona, el autoplacer, el mimarte y dedicarte tiempo. Todo ello, sumado, te da dosis de felicidad que ningún otro factor podría ofrecerte. 

La pareja llega cuando tiene que llegar. No debe buscarse. Acabemos con esa idea errónea y generalizada de que el amor por otra persona con la que debes compartir sexo y compromiso es el objetivo principal de cada uno de nosotros. Que sí, que cuando llega lo revoluciona todo en tu vida. Eso es bonito, pero es bonito si lo miras con la mirada adecuada. Y no de reojos. Aunque, ojo, no llegará si tú no le dejas llegar. Pero yo recomiendo quitarse esa coraza de persona dura, insensible y cero enamoradiza. A veces también es necesario convertirse en un científico empírico y comprobar si esa media naranja existe. Quién sabe, alguien puede romperte tus esquemas para bien o para mal y descubrir, por fin, que las expectativas son tan inútiles como pensar que te vas a dedicar toda tu vida a lo que te gusta y, encima, llegando a los mil euros. Que lo realmente importante eres tú. Y que nadie debe cruzar la línea de tu personalidad, ni invadirte. Eso quizás en lugares de ensueño, desde luego que aquí, no. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pequeña gran revolución

La vida está tranquila, sin mucho alboroto, recorriendo una línea recta, sin una marea demasiado revuelta. Se puede decir que... Como volando en el avión sin turbulencias disfrutando del paisaje que las nubes te han dejado ver al apartarse. Aprovechando ese momento. Qué bonita la vida, ¿no? - piensas- Y, de repente, te viene esa canción de Dani Martín que tantas veces has reproducido en tu smartphone, o no, pero que seguro has escuchado en alguna emisora de radio. Pero es demasiado bonita para ser real y no te lo crees. No puede ser que todo vaya tan genial, que los problemas sean tan minúsculos, que no tengas rompederos de cabeza. No puede ser, algo tiene que ir mal, es imposible vivir bien. Y como no eres capaz de disfrutar este período de calma, buscas lo que llevabas tiempo deseando que desapareciera. Y ¡tachán! truco de magia realizado con éxito. Vuelta a las rayadas, como en la plena adolescencia; vuelta a las noches en vela, vuelta a complicarnos la vida. Y es que parece qu...

Son aquellas pequeñas cosas...

Hace tiempo que descubrí caminar con mi canción favorita en los cascos. Hace tiempo que descubrí los ratos de bailoteos y risas con mis amigas, las bromas y las tonterías de ellas que me hacen reírme a carcajadas. Hace tiempo aprendí lo bello que es recordar la infancia cuando ves algún juguete antiguo o algún lugar donde jugaba. Hace tiempo aprendí que hay personas que te quieren por lo que eres y otras que te quieren por lo que puedes darle. Hace tiempo aprendí que lo bonito de esta vida está en las pequeñas cosas, en lo más normal, como pasar una tarde de piscina jugando a las cartas en el césped.